22 de diciembre de 2010

16 de diciembre de 2010

Escapada a Granada

¿Qué tal una escapadita a Granada? Tres días serán perfectos para recorrer los mejores rincones de la ciudad, visitar la Alhambra (un punto y a parte) y tapear, tapear, tapear...
Lo primero, como siempre ¿dónde nos alojamos? Pues en la recientemente inaugurada Casa de la Trinidad. Un pequeño hotel  lleno de encanto y comodidad en la zona más céntrica de la ciudad. Desde algunas de sus habitaciones podrás ver la Catedral.

















Pero si preferís algo más selecto, no dudéis en hospedaros en el espectacular

¡Uf, qué agotamiento nos ha entrado nada más llegar! Habrá que reponer fuerzas practicando el deporte local por excelencia: el tapeo.
La calle Navas es la típica para ir de tapas, pero yo os recomiendo el  Real Asador de Castilla (Tapa de Oro por su rabo de toro). Está junto al Ayuntamiento, en el que, por cierto, ya se podía adivinar que la Navidad estaba al caer...
   
Nada mejor para bajar la comida que caminar por el encantador y melancólico Paseo de los Tristes.

















 El Mirador de San Nicolás con sus espectaculares vistas a la Alhambra
Y, justo a los pies del mirador,  mi recomendación para ir a comer y disfrutar con los cinco sentidos: El Huerto de Juan Ranas













 
Seguimos nuestra ruta por el barrio del Albaicín. Cármenes, limoneros, cuestas empedradas... ¡Precioso!
 
 Visita (obligada) a la Alhambra. Siempre evocadora, majestuosa y sorprendente ¿Quién fuera Washington Irving y pudiera dormir entre sus muros y narrar  las maravillosas historias que pudieron, o no, suceder?
 Me despido con unas fotos del otoño granadino y mi homenaje particular al maestro del famenco, hijo del Albaicín, Enrique Morente. Morente sueña la Alhambra (pincha aquí)



14 de diciembre de 2010

Y llegó la Navidad



Esta Navidad he vuelto a montar el árbol después de varios años de sequía abetística. Es que me da mucha pereza luego desmontarlo y claro, tampoco es cuestión de plantarte en mitad de agosto con el arbolito en medio del salón. Pero ahora que lo veo puesto, con sus adornos y lucecitas, me alegro mucho por el esfuerzo realizado. Me ayudó mi sobrina, aunque ella vaya difamándome por ahí, diciendo que sólo le dejé poner una bola. No es cierto, puso dos.